Las estadísticas sobre violencia y seguridad en el país en los dos años de mandato de Alvaro Uribe Vélez dejan ver una inflexión sustancial a favor del Estado. Recordemos que el tema de la seguridad se convirtió en el asunto de mayor trascendencia para los colombianos en la campaña electoral del 2002, cuando el abuso de la zona de distensión en el sur por parte de las FARC volcó el favoritismo hacia el candidato que siempre había mantenido una posición enérgica inalterable frente a la guerrilla y que había propuesto como eje fundamental de su programa devolverle la tranquilidad a la ciudadanía por medio de una política de confrontación ofensiva contra los grupos armados irregulares.

Al cumplir dos años de gobierno, las cifras -que no vienen sino a corroborar lo que ya se palpa en el estado de ánimo de la gente- hablan a favor de la política de seguridad democrática. En todos los frentes se aprecia una significativa reducción de los indicadores de violencia que por su duración sostenida da lugar para pensar que la Fuerza Pública ha tomado la delantera, ha cambiado la correlación de fuerzas a su favor y ha colocado a sus tradicionales enemigos en el plan de retroceder, replegarse, perder influencia y control territorial.

De acuerdo al Departamento Nacional de Planeación, entre el 2002 y el 2003 el homicidio de sindicalistas se redujo en un 20%; el de funcionarios públicos entre un 6 y un 15%; y el de maestros en 48%. Del mismo modo, las víctimas de masacres se redujo en un 37%; los ataques de irregulares a poblaciones en 84%; la voladura de torres de energía en 69%; la de puentes en 67%; los miembros de guerrillas detenidos aumentó en 85%; los dados de baja en 14%; los miembros de grupos de autodefensa capturados aumentó en 133%; y los dados de baja en 85%. El número de secuestros en el trimestre enero-marzo pasó de 1073 en el 2000 a 593 en 2002, y a 317 en el 2004. El secuestro en retenes masivos se redujo en un 81%. También hay reducciones notorias en piratería terrestre y en número de homicidios por cada cien mil habitantes: De 62.7 en el 2000 se redujo a 51.8 en el 2003. Las cifras en lo que va corrido del 2004 confirman la tendencia a la baja. Un dato alentador para Medellín: los homicidios en el primer trimestre de 2004 fueron 395 contra 815 en el 2003 y 1141 en el 2000 en el mismo lapso.

Se trata sin duda alguna de las consecuencias de un esfuerzo consistente y sostenido por parte del actual gobierno y quizá esa sea la principal razón de la excelente imagen y popularidad de la que goza el primer mandatario. La violencia sigue siendo lacerante y ofensiva y el ideal es erradicarla, sino completamente, por lo menos que sea cosa exótica o infrecuente.

Encuentros Promisorios Del Tercer Tipo

Los procesos de diálogo si bien despiertan razonables dudas, a veces deparan sorpresas como la que se acaba de presentar hace poco en Santafé de Ralito, sitio de negociaciones entre el Gobierno nacional y los grupos ilegales de autodefensa. En efecto, allí, a la sombra de una tarima encarpetada, los principales jefes de estos grupos se reunieron con voceros de un amplio número de ONG, para intercambiar opiniones y escucharse mutuamente.

Dicen las crónicas de prensa que el ambiente sin ser cordial, fue franco y permitió el planteamiento de inquietudes y temores por parte de los delegados de las ONG que desde tiempo atrás han manifestado abiertamente sus prevenciones y críticas frente a la manera como se ha producido el diálogo. Tuvieron oportunidad de hablar libremente de situaciones que en su parecer representan violaciones a la palabra empeñada por las autodefensas y los retaron a ser más claros y cumplidos en el respeto al cese de hostilidades.

Por otra parte, los jefes de las autodefensas también tuvieron ocasión de expresar sus opiniones, de explicar el alcance de lo que ellos llaman cese de fuego con las tropas oficiales, más no con los grupos guerrilleros, y de reafirmar que sus intenciones de firmar la paz son sinceras. Seguramente no faltarán los que salgan a despotricar de este inusual y hasta hace poco impensado encuentro. No es para menos, pues se trata de un contacto entre fuerzas desiguales por su naturaleza, unas armadas y otras civiles, unas y otras con visiones muy contrapuestas sobre el problema de la violencia y sobre los caminos de la paz; las unas que consideran a las otras como una especie de quinta columna de la guerrilla, las ONG, que se consideran víctimas de los paramilitares. Entre ambas lo que ha predominado es la hostilidad y la desconfianza, el miedo y el estigma.

Pero es precisamente por estas razones que hay que saludar este gesto, este mirarse a los ojos, este apretarse las manos, este generar principios de confianza sin la cual es impensable la construcción de la paz, que es lo más rescatable de este encuentro. Se dirá que ello no representa mayor cosa, que lo mismo se había dado durante la experiencia fallida del Caguán, que eso lo que hace es alimentar falsas expectativas e ilusiones infundadas. Sin duda alguna, se puede prever que allí no hay nada sólido aún, que todo puede terminar en una nueva frustración. Sin embargo, y siendo razonablemente realistas, es mejor ensayar de nuevo, volver a intentar y repetir el esfuerzo que andar echándole leña a la hoguera. La paz no es, como hemos afirmado, asunto fácil y fluido, es por el contrario un ejercicio de ensayo y error, un riesgo que vale la pena asumir.

 

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Señales Positivas
Darío Acevedo Carmona