Una simple pregunta y al menos 3.76 millones de votos decidirán el futuro de Venezuela el próximo 15 de agosto. El referendo, por el que el actual presidente Hugo Chávez Frías sería ratificado o despojado de su cargo, ha sido pues el resultado de una serie de enfrentamientos entre chavistas y opositores durante los últimos años, que ha dejado cientos de muertos y millares de heridos. Sin duda, Hugo Chávez representa la manzana de la discordia que ha colocado a Venezuela en tal bipolaridad socio-política, quizá la más significativa de los últimos tiempos en Latinoamérica.

Definitivamente, este originario de Barinas ha demostrado tener una personalidad desafiante desde mucho antes de su elección, cuando en 1992 dirigió dos intentos de golpe de estado que causaron cerca de 20 muertes y lo llevaron a un encarcelamiento de dos años.

Casi dos décadas antes, en 1975, Chávez había egresado de la Academia de Oficiales del Ejército de Venezuela, promoción “Simón Bolívar”, como Licenciado en Ciencias y Artes Militares. Durante sus años en la Academia, conoció a Jesús Urdaneta Hernández, Francisco Arias Cárdenas y Felipe Acosta Carlés, con quienes en diciembre de 1983 fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). Fue con este movimiento con el que llevó a cabo los dos intentos de golpe de estado en 1992; el mismo que actualmente lidera y al que le diera un nuevo nombre: Movimiento Quinta Republica (MVR).

Chávez sabía que tenía una ventaja a su favor cuando decidió lanzarse como candidato a la presidencia: su más controvertido predecesor, Carlos Andrés Pérez, del partido Acción Democrática (AD), había sido enjuiciado y encarcelado bajo cargos de corrupción y apropiación ilícita de fondos del estado en 1996. El orden socio-político del país estaba completamente fracturado, ante lo cual Chávez vio la oportunidad de presentarse como el líder populista de irrebatible discurso mesiánico.

Elegido como mandatario de Venezuela en 1998, Chávez llegó al poder precisamente con promesas revolucionarias de aplicar nuevas políticas sociales que tranformarían el país.

Desde un inicio, su tono combativo puso en alerta a las élites política y empresarial, que han sido calificadas por Chávez en numerosas ocasiones como “sirvientes del capital internacional”. En el 2000, luego de un fallido golpe de estado perpetrado por la oposición, Chávez es reelecto presidente por una mayoría de 3.76 millones de votos.

Sin embargo, Chávez seguía siendo incapaz de cerrar las distancias entre los ricos y pobres del país, tal como lo prometió durante su primer periodo. Se embarcó, más bien, en una campaña de desprestigio de las élites políticas y empresariales - básicamente la del petróleo, que es la preponderante en el país. Recordemos que Venezuela es el cuarto productor mundial de este hidrocarburo, y uno de los principales proveedores de Estados Unidos.

En una oportunidad, Chávez acusó a ejecutivos petroleros de vivir en “chalets de lujo donde realizan orgías y beben whisky”. Llegó incluso a atacar a la Iglesia Católica, a la que -ya sea por su reconocido ateísmo o no-, acusó en alguna ocasión de “no andar en el camino de Cristo”. Del mismo modo, en su afán por desafiar las intenciones imperialistas del gobierno norteamericano, Chávez expresó en numerosas ocasiones su simpatía por la Cuba de Fidel Castro (su gran aliado), e incluso se convirtió en el primer mandatario extranjero en visitar Irak, luego de la Guerra del Golfo de 1991.

En definitiva, sus rapaces y polémicas declaraciones enardecieron a sus oponentes, generalmente la élite empresarial del país, y afianzaron a sus seguidores, mejor conocidos como “chavistas”. Unos meses antes de ocurrir el golpe de estado de Abril del 2002, quizá el más concurrido y violento en la historia de Venezuela, su popularidad ya había disminuido del 80% que tuvo al iniciar su gobierno, a un 30% (en su mayoría pertenecientes a los sectores más pobres del país).

“Un plan económico con rostro humano”

Así denominó Hugo Chávez a las nuevas reformas económicas aplicadas en el 2001 y que no fueron del agrado del sector laboral ni empresarial. En noviembre de ese mismo año, Chávez aprobó un paquete de leyes económicas referidas en su mayoría al sector petrolero y al agro. Chávez aseguró que las reformas mejorarían la situación de los pobres, pero los críticos aseguraban que tales medidas pondrían en riesgo la ya endeble economía del país. Curiosamente, estas leyes no pasaron por aprobación de la Asamblea Nacional, sino que fueron anunciadas directamente por Chávez durante un discurso televisado.

La Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y, especialmente, la industria petrolera estaban furiosas con la decisión del gobierno. Se dio inicio a una serie de huelgas aisladas, pero que cobraban cada vez mayor importancia, especialmente a nivel del sector laboral. Por si fuera poco, luego que el gobierno anuló el control de tasa de cambios de la moneda -que por cinco años había funcionado en el país-, el valor del Bolivar (modena nacional venezolana) disminuyó en un 25%, comparado al dólar americano.

La gota que derramó el vaso fue cuando el 25 de febrero del 2002, Chávez nombró a una nueva junta directiva para Petróleos de Venezuela (PDVSA), considerada la empresa más grande e importante de América Latina. Esto generó un descontento general entre la nómina mayor de PDVSA, lo que sumado al desacuerdo con las normas dictadas para el sector petrolero, reforzó e incrementó las manifestaciones públicas contra Chávez. Rápidamente, los grupos de poder político y económico comenzaron a confabularse en un intento por desafiar el autoritarismo chavista.

Al parecer, las protestas y el incremento de adversarios no intimidaron a Chávez en ningún momento. A mediados de marzo del 2002, en su programa televisivo “Aló Presidente”, expresó que si la industria petrolera decidía paralizarse completamente como protesta a sus medidas, él ya tenía un plan de contingencia listo para hacer efectivo. “Si la paran, la militarizo”, fueron sus palabras. Chávez incluso dijo que él perfectamente podría firmar un decreto de emergencia por el que la empresa sería intervenida, si es que la alta gerencia de la PDVSA no desistía en la huelga contra la designación de la nueva directiva; protesta que ya había sido sostenida por lapso de un mes.

La idea era evitar despedir a miembros de la alta nómina, porque según la comisión parlamentaria que mediaba el problema, esto sería negativo e inoportuno para la imagen de una empresa de tan alto calibre. Para colmo, la tregua que la comisión de la Asamblea Nacional parecía haber logrado entre la directiva y la alta nómina de la PDVSA, se desbarató de un momento a otro.

Harto de tanto conflicto irresoluto, Chávez despidió públicamente a siete altos gerentes de la empresa, y jubiló a otros doce. Anunció que las medidas continuarían de no solucionarse el conflicto, y terminó por señalar, “Yo no tengo ningún problema si a toditos tuviera que rasparlos”.

De golpista a golpeado en un día

Era la mañana del 11 de abril del 2002, cuando alrededor de 150,000 manifestantes salieron a las calles de Caracas para protestar en apoyo a la huelga general que la industria petrolera ya había iniciado dos días atrás. La consigna era “sacar del poder a Chávez”.

Diversos dirigentes gremiales acompañaban a las masas, entre ellos Carlos Ortega, presidente de la CTV, y Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, el principal gremio patronal de Venezuela. El proceso golpista encendía cada vez más los ánimos del pueblo venezolano, a medida iba avanzando el día. Como era de esperarse, las fuerzas opositoras y las chavistas se enfrentaron en las puertas del Palacio presidencial. La Guardia Nacional intervino en los enfrentamientos. El resultado: al menos 10 personas murieron y alrededor de 110 resultaron heridas durante la que se considera una de las protestas nacionales con más graves consecuencias en la historia de Venezuela.

Ese día, Chávez cerró los medios de comunicación que estaban a su alcance para que no transmitan las escenas de violencia. Cabe señalar que en Venezuela las estaciones privadas de televisión y radio forman parte activa de la oposición al gobierno. El principal magnate de los medios en el país, Gustavo Cisneros (cabeza de Venevisión y uno de los hombres más ricos de América Latina) es señalado como el verdadero hombre detrás de la Coordinadora Democrática (CODE), la organización opositora liderada por el gobernador de Miranda, Enrique Mendoza, y que Chávez acusa de ser el instrumento de Washington para recuperar el control de Venezuela.

Durante aquella protesta, el paradero de Chávez fue incierto. Primero se dijo que el mandatario se encontraba detenido en un cuartel militar, lo cual fue desmentido por el Inspector General de la Fuerza Armada Nacional (FAN), general Lucas Rincón. Al día siguiente del fatídico 11 de abril, se informó que Chávez había renunciado al cargo presidencial. Pedro Carmona, presidente de la Cámara de Comercio y uno de los organizadores de la manifestación, fue elegido presidente del gobierno interino. Sin embargo, dos días después, tras el colapso del gobierno transitorio, Chávez retornó al poder, desmintiendo las versiones sobre su supuesta renuncia.

La sentencia de Chávez

Chávez no sólo sobrevivió el frustrado golpe del 11 de abril, sino también un segundo intento de golpe en octubre del mismo año. La lealtad de sus seguidores fue lo que, en definitiva, lo mantuvo a flote. Pero eso no significó que las fuerzas de oposición se quedaran tranquilas ante lo ocurrido. De hecho, cientos de trabajadores entraron en una huelga nacional indefinida, solicitando al mandatario su renuncia al cargo o, en todo caso, convocar elecciones en vista de la desaprobación del pueblo para con su administración.

A este pedido se sumaban ejecutivos de la industria petrolera, que además denunciaban pública e internacionalmente a Chávez como el mandatario que empobreció al pueblo y lo sumió en una red de corrupción. Y por supuesto, tenían el apoyo de los medios privados de comunicación. La huelga del sector petrolero ocurrida en diciembre del 2002 trajo como consecuencia la escasez de combustible.

En mayo del 2003 -un mes después que finalizara el paro general de más de dos meses protagonizado por trabajadores de fábricas y universidades-, la oposición firmó un acuerdo auspiciado por la Organización de Estados Americanos (OEA) para establecer los lineamientos del referendo que determinaría la permanencia o no de Chávez en el poder. Tres meses después, el pedido ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) fue concretado: más de tres millones de firmas fueron presentadas, solicitando la realización de un referendo que pondría en tela de juicio la administración chavista.

Sin embargo, el CNE rechazó el pedido, señalando que existían ciertos requisitos que impedían la realización de un referendo. Según el CNE, Chávez aún no había cumplido siquiera con la mitad de su mandato. En solo tres meses, la oposición decidió retomar el pedido y en tarea maratónica, logró nuevamente reunir 3,4 millones de firmas. Una vez más, el CNE objetó: Únicamente 1.9 millones de firmas fueron aceptadas como válidas, en vista que al parecer, había ciertas irregularidades en la recaudación del resto.

Las protestas en el país continuaron. En marzo de este año, enfrentamientos entre las fuerzas chavistas y la oposición tuvieron como resultado varias muertes y decenas de heridos en las calles de Caracas.
EL CNE finalmente dio la oportunidad a la oposición de reunir nuevamente firmas para pedir la realización del referendo. A fines de mayo pasado, el organismo electoral les otorgó un plazo de tan sólo cuatro días para realizar la tarea de recaudación de firmas. Y la oposición lo logró. Luego de una exhaustiva validación de las mismas, el CNE aprobó la realización del referendo, que se llevará a cabo el 15 de Agosto próximo.

La tensa calma

Millones de venezolanos tendrán que responder a una simple pregunta para decidir si Hugo Chávez continúa o no su mandato. El pasado 16 de junio, el presidente de la Junta Nacional Electoral, Jorge Rodríguez, anunció que ésta había sido formulada de la siguiente manera: "¿Está usted de acuerdo con dejar sin efecto el mandato popular otorgado mediante elecciones democráticas legítimas al ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías, como presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el actual período presidencial?"

Pero la decisión no podrá ser tomada simplemente considerando la mayoría de votos. Sólo ganará el “SI” en el caso que los votos resulten iguales o mayores a los 3.76 millones de votos que democráticamente favorecieron a Chávez cuando salió electo presidente en el 2000. De lo contrario, aunque el porcentaje de votos a favor de separar a Chávez del poder sea mayor que el del “NO”, el mandatario mantendría su cargo hasta el 2007, cuando normalmente culminaría su administración.

Si efectivamente el “SI” superara los 3.76 millones de votos, en los siguientes 30 días se convocaría a elecciones presidenciales. El candidato que gane podrá gobernar hasta el 2 de febrero del 2007, fecha en que Chávez habría de culminar su periodo presidencial.

Ciertamente, las reglas del juego ya están puestas sobre la mesa. Ahora le toca al pueblo venezolano decidir quién se queda y quién se tendrá que resignar. Al parecer, el referendo representa la máxima carta jugada por la oposición, y mientras tanto, a Chávez sólo le queda esperar que los casi 25 millones de venezolanos decidan su destino politico.

Por lo pronto, este país -poseedor de unos de los subsuelos más ricos del mundo y que, sin embargo, tiene al 85% de su población en estado de pobreza- vive una tensa calma que puede verse corrompida en cualquier momento por alguna reacción violenta de las masas. Pero tras una larga historia de irregularidades políticas, es más que seguro que el pueblo sabe la tormenta política que se viene. Mas la incertidumbre y la desconfianza permanecen allí, clavadas en las mentalidades de los venezolanos. Por motivos sociales, geopolíticos y económicos; las expectativas son también internacionales. ¿Tendremos Hugo para rato?

 

 

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¿Hugo Forever?
Virginia Rivero-Descailleaux