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El presidente peruano Alejandro Toledo está a punto de sobrevivir a sí mismo: el 28 de julio del 2006 habrá terminado su mandato. A sólo diez meses de la juramentación de un nuevo gobernante, ¿qué puede suceder en el impredecible gobierno del mandatario más impopular de Latinoamérica? El Perú es un país de anécdotas. Por tanto, empecemos con una pequeña historia ejemplar. El último domingo, 25 de setiembre, un terremoto de 7 grados en la escala de Richter, sacudió la selva norte del Perú. Seguramente el presidente Alejandro Toledo sintió el sismo bastante bien: en ese momento se encontraba a pocos kilómetros del epicentro, en el lujoso balneario norteño de Punta Sal, una suerte de Camp David playero de nuestro primer mandatario. A la mañana siguiente, Toledo abordó el avión presidencial y enrumbó hacia Lamas, un precioso pueblo ahora destruido por el terremoto. Empinado sobre los escombros, el presidente anunció las medidas usuales en estos casos -programas de reconstrucción, destinación de un fondo de emergencia. La gente aplaudía. Al costado de Toledo, sonreía Javier Reátegui, su amigo personal, ex ministro de cuatro carteras y flamante secretario general de Perú Posible, el partido de gobierno. Pero Reátegui actualmente no ocupa ninguno de los múltiples cargos públicos que ejerció en los últimos cuatro años. ¿Entonces qué hacía al lado del presidente, codirigiendo las labores de reconstrucción? Simple: Javier Reátegui es el candidato de Toledo para competir en las elecciones presidenciales de abril del próximo año. Aparecer como parte del equipo salvador de Lamas -aún cuando oficialmente no tenga nada que hacer allí- no le cae nada mal. Toledo en campaña El nombramiento de Reátegui no es oficial, pero varias fuentes palaciegas están seguras de que Toledo terminará por imponerlo como el candidato de Perú Posible, que aún no ha anunciado a quién postulará a la presidencia de la República. La aparición de Reátegui en Lamas, según esas fuentes, sería solo el inicio de una campaña electoral monitoreada desde Palacio de Gobierno. ¿Será esa la ruta de los últimos diez meses que le restan al gobierno de Toledo? "Perú Posible (PP) sí aspira a hacer un papel decoroso y, por qué no decirlo, a ganar las elecciones", asegura Juan Sheput, ex-ministro de Trabajo y destacado peruposibilista. A Sheput también le gustaría que Reátegui sea el candidato de PP, aunque niega cualquier posibilidad del uso de los recursos del Estado en su campaña. En realidad, las aspiraciones de PP a lograr un segundo mandato parecen descabelladas. Según las encuestas, la aprobación del presidente fluctúa en un magro 18% y la del partido de gobierno se aferra al 5%. Sheput no se desanima y confía en que Perú Posible remontará en los sondeos cuando "se le ponga un rostro a la candidatura". Según el ministro, "los buenos resultados de la economía todavía no están siendo endosados a un candidato, por lo tanto, existe un voto oculto alrededor de Perú Posible." No hay quinto (año) malo Lo de los buenos resultados en la economía tiene más sentido. El analista Santiago Pedraglio sostiene que, "salvo que suceda algo catastrófico", al final de su gobierno el presidente Toledo habrá dejado un país "con las cifras en azul: una macroeconomía en buen estado, una inflación controlada, con reservas, un déficit fiscal de 1%, que es poco comparado en la región". Incluso previendo un aumento del gasto, como consecuencia de la utilización del aparato de gobierno en las elecciones, Pedraglio estima que el déficit no aumentará en más del 0.3%. Sin embargo, los resultados de la macroeconomía no se reflejan en los bolsillos del ciudadano de a pie. En las últimas semanas, tres huelgas amenazaron al gobierno: enfermeras, maestros universitarios y policías. Todas se han solucionado, pero el ministro Sheput es conciente de que las inminentes elecciones sólo agudizarán las demandas. "Los actores sociales saben perfectamente que es más fácil solicitarle a un gobierno que se va, en vez de exigirle nada a un gobierno que viene, porque éste es más sólido, tiene un mandato reciente y por lo tanto es más reacio a conceder algún tipo de beneficios", dice. Por su lado, Pedraglio sostiene que, aunque el último tramo del gobierno verá mayores reclamos sociales, Toledo sobrevivirá. "Esto no va a ser la paz suiza, ni hablar" dice, pero a continuación identifica los mayores conflictos por venir: los movimientos cocaleros, antimineros y anti-TLC (Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos). "Ninguno de ellos es un problema social al borde del estallido. Ésa es una diferencia importante con lo que ha pasado en Ecuador y en Bolivia", sostiene. Suena casi como si todo estuviera bajo control. Es decir, no suena como el Perú de los últimos cuatro años. En todo este tiempo, los escándalos políticos estuvieron a la orden del día; el presidente se construyó una imagen de mentiroso, frívolo y débil; la sensación de falta de autoridad cundió por el país. En algún momento, las encuestas reflejaban que el 70% de los limeños estaban de acuerdo con declarar la vacancia presidencial. Esa era la otra cara de la moneda de la macroeconomía estable: un país que hasta hace poco tenía a Toledo con una espada de Damócles llamada vacancia presidencial, que sólo necesitaba la aprobación del Congreso para caer encima del primer mandatario. Pero la espada perdió el filo el pasado 28 de julio. Según la Constitución peruana, el presidente no puede ser vacado en su último año de gobierno. Entonces la oposición olvidó los múltiples casos de corrupción posibilista. Los principales candidatos han concentrado sus energías y sus preocupaciones entre ellos y ya no contra el gobierno. Así las cosas, el último año del presidente Toledo podría ser el más tranquilo de su mandato. En realidad, lo único que tiene que hacer para sobrevivir es nada. Nada: dejar hacer, dejar pasar. Dejar que los candidatos se liquiden entre sí, como es tradicional en nuestra política. Dejar que el primer ministro administre la gestión política. Hacerse el muertito, como decimos en el Perú. Y cruzar los dedos para no morir después del 2006. La vida después del 2006 Las elecciones pueden servir para que Toledo se olvide, por fin, de la vacancia, pero también sirven para recordarle que el fin está cercano. Algunos analistas sostienen que Perú Posible necesita una importante presencia en el próximo Congreso para bloquear las futuras investigaciones de los múltiples casos de corrupción en los que se ha envuelto el entorno más íntimo del presidente. Los dos casos más graves de este gobierno no son misterios sin resolver: las cuentas de la offshore panameña Blue Bay, administrada por la primera dama, Eliane Karp, y el ex abogado del presidente, César Almeida -ahora preso por sus negociaciones con la mafia de Vladimiro Montesinos-; y la fuga de Carmen Burga, testigo del proceso de falsificación de firmas para la inscripción de Perú Posible en el registro electoral, un extraño escape del país coordinado por dos sobrinos del presidente y algunos asesores cercanos. En la prensa de investigación se especula sobre algunos otros casos mayores, aún no publicados, que serían destapados luego del cambio de régimen y que terminarían inevitablemente en una o varias acusaciones constitucionales contra el futuro ex presidente Toledo. Con tales vaticinios, Toledo tendría dos opciones: o enfrentar las acusaciones respaldado por una importante bancada en el próximo Congreso, o el exilio, a imagen y semejanza de los ex presidentes García y Fujimori. Este sombrío escenario no es una posibilidad para Sheput. El ministro de Toledo está convencido de que el presidente se quedará en el país, consolidando a Perú Posible. "Estoy seguro que así va a ser y Toledo se convertirá en una suerte de conciencia crítica del próximo gobierno", reafirma. Respecto de futuras investigaciones, Sheput asegura que no llegarán a establecer ninguna culpa en el presidente: "Los problemas que han existido, más que de corrupción, han sido de gesto político. Sucedían en la periferia: los hermanos, los amigos, el partido de gobierno". Pedraglio no es tan iluso, pero tampoco ve al presidente escapando del país. A menos, hace la salvedad, que se descubra un caso gravísimo de corrupción que involucre a nuestro actual mandatario. Descartada esa hipótesis, Pedraglio ve el futuro de Toledo en la construcción de "una plataforma pensando en el 2011, gracias a que podrá presentar algunos logros en general. Yo no creo que se retire de la vida política, para nada". A menos, claro, que a Toledo se le descubra algo grande -digo, es un decir. |
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La Cuenta Regresiva de Toledo
Marco Sifuentes
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