¿Es inevitable una guerra por el control de los recursos naturales? La pregunta no es gratuita y, mucho menos, ilusoria. El petróleo y el agua o quizá el agua y el petróleo en ese orden, son recursos indispensables cuya carestía comenzará a sentirse, inevitablemente, en las próximas décadas. Prever, que es lo que los países pobres generalmente no pueden hacer, es lo que están haciendo esmeradamente los ricos.

La lucha por el petróleo ya está en marcha: no es casual que Estados Unidos esté en guerra en Irak, amenace a Irán, traté de desprestigiar al gobierno venezolano y se preocupe obsesivamente por Colombia (su segundo abastecedor latinoamericano de petróleo).

El presidente Bush dijo en el año 2000: "Nunca antes en su historia Estados Unidos había sido más dependiente del petróleo extranjero. En 1973 el país importó el 36% de sus necesidades petroleras. Hoy en día, Estados Unidos importa 56% de su petróleo crudo". Asegurar, por lo tanto, bajo la invocación sagrada de su   "seguridad nacional", que es preciso mantener el control sobre los recursos petroleros sudamericanos es algo que si aún no ha sido verbalizado públicamente, forma parte de los planes globales de la superpotencia.

Hoy por hoy se lleva a cabo una guerra mediática destinada a preparar el terreno. Desprestigiar como camino para allanar una intervención no es una estrategia novedosa y ya comenzó con Irak, y se está afilando para los otros países cuyo petróleo interesa.

Los EE.UU. afronta los grandes temas desde la perspectiva de su seguridad. En nuestra región, el Comando Sur de los EE.UU., con base en Miami, tiene más empleados trabajando sobre América Latina que la suma de los Departamentos de Estado, Agricultura, Comercio, Tesoro y Defensa.

Según un informe,   "la presencia militar directa en la región se ha incrementado y diversificado desde la desactivación de la base Howard en Panamá, en 1999. El Comando Sur tiene ahora responsabilidad sobre las bases de Guantánamo (Cuba), Fort Buchanan y Roosevelt Roads (Puerto Rico), Soto Cano (Honduras) y Comalapa (El Salvador); y las bases aéreas recientemente creadas de Manta (Ecuador), Reina Beatriz (Aruba) y Hato Rey (Curaçao). Además, maneja una red de 17 guarniciones terrestres de radares: tres fijos en Perú, cuatro fijos en Colombia, y el resto móviles y secretos en países andinos y del Caribe.

Colombia es ya el cuarto receptor de ayuda militar de los Estados Unidos en el mundo, detrás de Israel, Egipto e Irak; y la embajada en Bogotá es la segunda más grande en el mundo luego de la de Irak.

Algunos analistas afirman que el objetivo de Washington es la creación de una   "fuerza militar sudamericana" comandada, por supuesto, desde el Pentágono, con la finalidad de enfrentar las contingencias desfavorables sin tener que recurrir a mercenarios o a pactos especiales con los militares de cada país. Un solo ejército, un solo jefe, todos de rodillas, y Estados Unidos haciéndonos creer que ese es el sueño de la libertad y la democracia que tanto predicaron (sin el ejemplo, por supuesto).

Cuán lejos o cuán cerca estamos de esa posibilidad es difícil decirlo. Lo que sí es cierto es que el rápido agotamiento de los recursos naturales puede conducirnos, más pronto de lo que imaginamos, a ese destino de pesadilla.

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Guerras que ya Están y Guerras que Vienen
Guillermo Giacosa