"La rep™blica criolla agoniza y ha llegado el tiempo de instaurar la rep™blica andina"


Una entrevista al historiador peruano Edmundo Guillén.

Edmundo Guillén Guillén es un destacado historiador peruano nacido en la provinica de Lucanas, Ayacucho en el año 1921. Autor de numerosos ensayos sobre la historia andina y de trascendentales libros como la "Versión Inka de la Conquista" y la "Guerra de Reconquista Inka", además de ser fundador y catedrático de varias universidades, promueve en estos días la creación de la Academia Andina de la Historia. Junto con Juan José Vega impulsó desde hace un buen tiempo una visión diferente de la Historia del Perú, contestaria y renovadora, radicalmente opuesta a la visión oficial que, pese a sus yerros y omisiones, mantiene aún vigencia.

Como parte de una de sus actuales actividades en referencia a su empeño por resurgir el legado andino, Guillén fue nombrado presidente de la recién instaurada Academia de Historia del Perú Andino, el pasado mes de junio.  La finalidad principal de la institución es congregar a intelectuales especializados en diversas disciplinas, "para el estudio crítico del proceso milenario de la historia del Perú Andino, desde sus orígenes hasta la actualidad", tal como lo afirma Guillén.

Desde el estudio de las culturas y civilizaciones andinas, pasando por la etapa de dominación española y la consiguiente guerra ideológico-militar experimentada por los pueblos andinos contra la dominación feudal-colonial; hasta el análisis del choque socio-político que representó la instauración de la república y la lucha cultural que los andinos libraron por la vindicación de sus derechos humanos,

a) zel análisis de la tragedia que sobrevino en el Perú Andino al instaurarse la república como un gobierno extranjero en suelo propio; y

b) el estudio de la lucha de los pueblos andinos por la vindicación de sus derechos humanos durante el gobierno de la república criolla.

Los avances y resultados de dichas investigaciones se harán públicos en eventos académicos que programará la Academia, como seminarios, simposios, mesas redondas, cursos de actualización y de post grado, con la consiguiente publicación de artículos, fascículos, libros y una revista periódica impresa y electrónica, con el nombre de Punchao. Además, prestará servicios para la elaboración de proyectos de investigación, monografías y asesorías de tesis, entre otras varias líneas de trabajo.

Las palabras de Guillén encierran una síntesis de lo que fuimos y vislumbra lo que podemos ser, como nación que debe recoger un legado milenario de grandeza. Su paréntesis secular ha sido la tragedia que signa la vida de los pueblos andinos desde la infausta invasión española; paréntesis que, a su entender, se cierra en nuestros días con los estertores agónicos de la "república criolla", hecho objetivo e inconstestable que obliga a una seria y detenida reflexión, toda vez que -a decir de Guillén- somos protagonistas de sucesos que habrán de determinar cambios profundos en el devenir azaroso de nuestra historia.


Dr. Guillén, ¿es ésta una crisis sin precedentes en nuestra historia?

Ya en la plenitud final de nuestra prolongada trayectoria vital, permítasenos unas reflexiones sobre la historia de nuestro pueblo, ahora que asistimos consternados a una crisis que por su gravedad no tiene precedentes cercanos, pero que era de esperarse porque hace ya un buen tiempo pudimos advertir que llegábamos a la agonía de la "república criolla".

Hagamos una distinción precisa e indispensable. Desde sus orígenes en el siglo XIX, el Estado copado por las clases dominantes de procedencia criolla, feudal y luego burguesa, hizo una farsa de los ideales republicanos y democráticos. Quien sostenga lo contrario es que no entiende la dualidad cultural del país, que nació con la instauración del dominio feudal colonial y prosigue hoy con el desenvolvimiento de un capitalismo dependiente que sume a las grandes mayorías en una miseria espantosa, no dejando espacio a ninguna salida concertada.

Si antes se habló de mundos enfrentados, el occidental contra el andino, hoy podemos hablar de dos caminos: el de la "república criolla", que agotó ya sus posibilidades en medio de insalvables contradicciones que inexorablemente la autodestruyen, y el de la república andina, que es el modelo ideal compartido por los pueblos de esta parte del mundo, que llegan a la conclusión de que es preciso el cambio radical, en el que de una vez y para siempre el poder sea recuperado por los aútenticos andinos, desde hace casi cinco siglos marginados, explotados, vilipendiados y oprimidos.

¿Acaso comparte Ud. el lenguaje de la vindicta étnica?

Nuestra concepción está al margen de consideraciones raciales, sin embargo de lo cual nos declaramos orgullosos de la portentosa civilización forjada por nuestros ancestros nativos, por la raza andina antes de que fuese mezclada con otras creando el mestizaje racial que hemos heredado y que asumimos como un hecho objetivo. Racialmente somos mestizos, pero mentalmente somos andinos. Que esto quede muy claro.

Ideológicamente, recogemos todo el legado cultural de los constructores de la civilización, desde los hombres de Lauricocha, Paiján, Pacaicasa, Toquepala y Ayampitín, hasta la de los Inkas, pasando por las admirables realizaciones de las gentes de Tumshukayco, Kotosh, Wayrajirca, Chavín, Paracas, Tiahuanaco, Moche, Nazca, Huarpa, Wari, Chimú, Huanca, Chanca, Chacha, Cajamarca, en fin, pueblos que en un desarrollo autónomo de trece milenios edificaron la grandeza material y espiritual que debiera ser cimiento fundamental de nuestra identidad nacional.

Enfoque que no niega la existencia de formaciones económicas clasistas, pero precisando que en los Andes, hasta antes de la trágica intromisión de occidente, hubo desarrollo, progreso, bienestar para las grandes mayorías, criterio ecológico, filosofía auténtica del bien común. Las progresistas clases dominantes de entonces supieron a la vez ser clases dirigentes, con claros objetivos y planificando adecuadamente el funcionamiento del Estado y de la maquinaria de producción.

¿Ello acabó en 1532, fue acaso entonces que "se jodió el Perú"?

Sin duda, 1532 marca el crepúsculo de la historia andina, con la caída de Atahuallpa en Cajamarca, pero más aún 1572, con el triunfo de Toledo, asesino de Túpac Amaru, el último Inka del reducto patriota de Vilcabamba. Con ello se partió en dos nuestra historia, marcándose el ocaso del desarrollo autónomo de milenios y el inicio del dominio colonial y "republicano". Empezó entonces la época del caos para los pueblos andinos, con la puesta en marcha de la dependencia que trastocó nuestro desarrollo económico. Para las grandes mayorías advino el hambre, la corrupción, el genocidio, el aplastamiento con criterio racista de aquellos que forjaron en el difícil escenario geográfico andino uno de los cinco grandes focos irradiadores de la civilización a nivel mundial.

Desde entonces nuestros pueblos fueron regidos por una albocracia. Éste es un hecho objetivo e incontestable. Es posible que hayan existido algunas figuras representativas en el gobierno ajenas a esa casta, pero una vez en el poder se convirtieron en servidores de la misma cuando no se vieron totalmente copadas por ella. El racismo existe, pero de arriba hacia abajo. Por eso, en pueblos vecinos como los de Bolivia el grito de protesta es "abajo los blancos", como lo fue en varios momentos de la historia del Perú, por ejemplo en el desarrollo de la guerra del guano y del salitre. Porque gentes de esa procedencia étnica, a nivel local, regional y nacional conformaron las clases dominantes, en su gran mayoría; con su gamonales mestizos que se "blanquearon" por medio de sus fortunas. En tanto que los "no blancos", los millones de mestizos y los llamados despectivamente indios, fueron impedidos de construir su propio destino.

¿Pero, hubo respuestas ante esa imposición, ante ese dominio?

Desde siempre, invariablemente. Esto empezó desde el momento mismo de la invasión española en 1532 y se prolonga hasta nuestros días. Pocos pueblos como el andino pueden mostrar una tradición de luchas heroicas, sangrientas, no pocas veces llevadas hasta el holocausto. Luchas de indios, negros y mestizos, de las cuales no hablan los textos oficiales criollos de historia y tampoco los especialistas que prefieren incidir en temas intrascendentes al gusto de las clases dominantes. La historia se escribe con criterio ideológico y por tanto hay dos historias paralelas: una al gusto, y posiblemente apoyada, por los grupos en el poder; otra, la real, guardada por la memoria popular y a veces expuesta en algunos pocos libros. Las luchas de Manco Inka hasta Túpac Amaru, la de líderes libertarios como Francisco Chichima, Juan Chocne, Gabriel Manco Cápac, Vicente Mora Chimo, Juan Vélez de Córdova, Calixto Túpac Inca Yupanqui, Juan Santos Atahuallpa, los Túpac Amaru, Felipe Velasco, Juan Bustamante, Rumi Maqui y muchos otros, marcan ese historial que contradice aquella falsedad contenida en el himno nacional, respecto  a que "largo tiempo el peruano oprimido, la ominosa cadena arrastró, condenado a una cruel servidumbre, largo tiempo en silencio gimió". Nada más falso, sin embargo de lo cual nuestros niños son obligados a cantar esas frases deplorables que sólo definen el pensamiento criollo.

Mucho es lo que tiene que cambiar, pero esto obedecerá a la transformación del modelo social. La identidad nacional sólo podrá construirse a cabalidad cuando todos los pobladores de este vasto territorio, desde las estribaciones occidentales que dan al mar hasta las llanuras al otro lado de la cordillera oriental, nos sintamos iguales, con objetivos comunes y esto sólo será posible con la instauración de la república andina, cuando logremos finalmente la justicia social, el bien común, con un Estado Waqcha Cuyaq, realmente amante de las mayorías a las que representa. La propia iglesia cristiana lo pregona cuando inscribe la frase: "Sin justicia no habrá paz".

¿Por qué vislumbra un cercano proceso de cambios radicales?

No es una apreciación subjetiva, fruto de lo que uno quisiera ver. Es la constatación de síntomas que ya se han visto en la caída de otros modelos sociales: crisis económica, social y moral, anarquía, corrupción, agudización de la lucha de clases (de arriba hacia abajo y viceversa), existencia de ideologías en pugna, etc. Las clases dominantes no quieren ver la crisis en perspectiva. Prefieren el proceder inmediatista, como si nada anómalo para ellas estuviese ocurriendo. A pesar de saber en peligro el modelo de sociedad del cual se han beneficiado, no reaccionan para impulsar cambios sino que optan por seguir instrumentando a sus partidos políticos para la siguiente disputa del botín, aunque sea por unos pocos años. Ya no pueden ofrecer nada atractivo a las grandes mayorías porque la demagogia tiene también un límite. Los grupos dominantes del Perú de nuestros días -con el aparato de gobierno que las representa- carecen de proyecto nacional. Y de seguro entienden que su tiempo de dominio está por acabar, sin embargo de lo cual sus voceros se esmeran por sostener lo contrario. Así consumen sus últimas posibilidades, al tiempo que hunden más y más al país. Pero ya dijo el filósofo que "nunca la noche está tan oscura como antes del amanecer". Y ese tiempo nuevo, ese auténtico Pachacuti, es el que vislumbramos, con la construcción de una República Andina, cuyo advenimiento es inevitable.

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Grandeza, Trajedia y Destino del Peru Andino