Enero de 2005 era la cita para el inicio del Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA), que naufragó entre 2003 y 2004, ante las dificultades en el proceso de negociación. Demasiados intereses contrapuestos, los equipos negociadores de EEUU, Brasil y Argentina tenían, de manera independiente, demasiados puntos no negociables. América del Sur inició la integración regional en el marco de la Comunidad Sudamericana de Naciones, suma de la Comunidad Andina (CAN) y el MERCOSUR. Ante ello, EEUU promovió la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) ya sean bilaterales (Chile 2004) o, bien, con regiones más o menos articuladas (América Central y Republica Dominicana), o la CAN o sus estados miembros.   El antecedente a esta estrategia es, desde luego, el TLC de América del Norte, puesto en vigor en 1994 y que, en buena medida, servía de modelo al ALCA.   El avance de las negociaciones entre los países andinos con Estados Unidos, sin embargo, amenazan al proceso sudamericano, ya que los TLC se perciben como incompatibles con los acuerdos regionales.

En la evaluación de estos Tratados vale recordar que éstos se pactan ahora dentro del marco de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y, sin embargo, algunos analistas observan que van más allá en ciertos casos.   Se recordará que esta Ronda se empantanó por la negativa de los países del Grupo de los 20 en admitir una negociación donde no hubiera reciprocidad en el tema agrícola: Los países desarrollados exigen la eliminación de todos los subsidios y restricciones al comercio agrícola, pero el G7 mantiene los subsidios y las restricciones al comercio de su sector agrícola, y Estados Unidos insiste en promover el comercio de transgénicos y en derribar las regulaciones fitosanitarias de sus socios, sin necesariamente ofrecer reciprocidad.   De este modo, aseguran mercados para productos cuya importación está prohibida en muchos países y cuyo consumo no se permite dentro de Estados Unidos mismo.

Lo que ha logrado la negociación dividida país por país, siguiendo el espíritu bilateralista del gobierno de George W. Bush,   es que se sienten a la mesa dos economías de diferente tamaño, y negocien como si fueran iguales, con el mismo poder de negociación.   Lo primero que han logrado las partes, vencidas las resistencias, es aceptar un tribunal de arbitraje bilateral estadounidense para los casos de conflicto sobre inversión y deuda externa.   Esto es una reversión a la doctrina multilateral de todos los países adherentes de Naciones Unidas y antes de la Liga de las Naciones, que han utilizado mecanismos multilaterales de resolución de conflictos de deuda como son el Club de Paris y el Club de Londres, entre otros.   El regreso al bilateralismo de los Estados Unidos recuerda los años de Harding, Coolidge y Hoover, en los años 20, que tanto daño le hiciera al sistema internacional.   Esta exigencia para los TLC está más allá de lo que plantea la Ronda de Doha de la OMC.

Se ha pactado la privatización de los servicios de salud y educación que dejará a los sectores más pobres en las manos del Estado y a los menos pobres lo manda al mercado, con los efectos de ésto sobre calidad de los servicios y llegada al gran público. Excepto que las constituciones de gran parte de los Estados Latinoamericanos están inspiradas en la Constitución francesa, y consideran que es un deber del Estado brindar los servicios de salud y educación gratuitos a la población en general, sin discriminación.   Así mismo, se ha eliminado la protección a la pequeña empresa en las compras del Estado, de forma que empresas de los Estados Unidos podrán entrar en licitaciones en competencia con pequeñas empresas de los países.   Adicionalmente, se ha permitido la extensión de las cláusulas de propiedad intelectual sobre marcas y patentes de segundo uso, que no está planteado en Doha.   Esto tiene un impacto directo sobre los llamados genéricos producidos luego del vencimiento de las marcas.   La diferencia de precio al paciente es al menos de 10 a 1.   Para cáncer, VIH/SIDA   y enfermedades cardiovasculares este tiene un efecto definitivo sobre la expectativa de vida del paciente pobre y de clase media.   Entre los servicios que no habían sido afectados antes con las aperturas económicas, están los servicios culturales. Lejos de aceptar la excepción francesa como regla, para permitir la producción auspiciada por el Estado de productos culturales, se abrió este a la competencia internacional.   La excepción en este renglón es México, que conservó el papel del Estado en este ramo.

Entre las razones que se aducen para aceptar estos Tratados se encuentran que el acceso a un mercado del tamaño del de Estados Unidos facilitará el crecimiento de los sectores exportadores y promoverá nuevas actividades directa o indirectamente exportadoras. La eficiencia de estas actividades, se espera, además se traduzca en la modernización de la economía y un crecimiento más rápido y sostenido.   Sin embargo, esta relación no se cumple para una muestra de países americanos, excepto para Canadá y Estados Unidos. De este modo, si bien se cumple con que prácticamente todos los países han multiplicado sus exportaciones, no han retomado una senda de crecimiento rápido y sostenido con generación de empleo.

Es así como México, con el TLC más antiguo, ha visto crecer sus flujos de emigración, de modo que se estima que en Estados Unidos viven unos 4 millones de inmigrantes ilegales, de un total de 10 millones de inmigrantes desde 1994.   Por otro lado, la balanza comercial con Estados Unidos es positiva, pero en total sigue siendo negativa a pesar de haberse multiplicado por 8 las exportaciones desde 1980 en dólares constantes. Un elemento poco discutido es que a la vez que las exportaciones se expandieron, las importaciones han crecido a mayor velocidad, y han desplazado a la producción nacional de insumos intermedios y de productos finales.

El esquema de maquila planteado en la zona de frontera abarató la fuerza de trabajo, precarizó el empleo, los salarios casi no han tenido variación, se articuló la producción de la zona a las exportaciones de Estados Unidos y el impacto sobre el Producto Bruto Interno (PBI) mexicano es muy bajo.   México perdió la industria que tuvo, y la nueva es toda maquiladora sin eslabonamientos dentro del país y con inversiones libres de impuestos a la renta y al valor agregado -en régimen de zona franca.   Según el BM, México tuvo en el año 2004, 13% de ingreso per capita más que en 1980, y su PBI tiene exactamente la misma conducta desde 1994, que el PBI de los Estados Unidos.   Se integró la economía y se desplazó a parte de la fuerza de trabajo.   La consecuencia es que ahora hay un problema de emigración sustantivo, desde el campo, pero también desde las ciudades de México hacia los Estados Unidos.   Los TLC no son acuerdos de integración que incorporan las variables sociales y políticas como la Unión Europea, sino únicamente las comerciales. No incluyen libertad de movimiento de personas sino que restringen la misma a capitales y bienes y servicios.   Al final no ha quedado sino pocos bancos comerciales de capital mexicano, las cadenas de supermercados fueron compradas por las empresas estadounidenses, y los productos dentro de las mismas se importan en gran medida.   Se transformó y se redujo de manera importante la industria agro alimenticia nacional, al mismo tiempo que el campo debe de competir con importaciones subsidiadas. El resultado es un despoblamiento acelerado del campo, la otra cara de las emigraciones.

Los gobiernos latinoamericanos se salieron de los esquemas de integración paritarios de la CAN (Andina) y de la SIECA (Centroamericana) para buscar llegar al TLC con los Estados Unidos porque han sido presionados desde Washington, pero además, porque creen que la apertura del mercado de los Estados Unidos en igualdad de condiciones va a beneficiarlos. Que esto se haga fuera del marco multilateral, o que el marco multilateral no haya avanzado por al falta de reciprocidad de los términos negociados, entre otras circunstancias, parece ser menos importante que la expectativa de un mercado mayor para el momento del fin del ATPEA ( Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Drogas de los Estados Unidos) en diciembre de 2006.   La amenaza de Washington fue que, o se firmaba un TLC, o se perdían los beneficios del ATPEA.   Al final, Washington está logrando el ALCA en negociaciones bilaterales y ha logrado dividir a los gobiernos latinoamericanos una vez más.   Los países del MERCOSUR siguen su curso y buscan la salida al Pacifico en un esquema de integración físico, se establece una red de distribución de petróleo venezolano hasta la Argentina y pronto una red de distribución de gas Boliviano, pero en la costa pacifica, la integración no es entre los países sino con el vecino país del norte.   Finalmente debe de repararse que desde las aperturas comerciales de hace década y media, hoy las balanzas de pagos están sostenidas por remesas de trabajadores emigrantes y no por los flujos comerciales positivos, con la excepción de Chile y Costa Rica.


Por:
Oscar Ugarteche
Instituto de Investigación Económica, UNAM - México

Fidel Aroche
Facultad de Economía, UNAM - México

México DF, mayo de 2006

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 créditos
   

Los Tratados de Libre Comercio en las Américas: La Vida Después del Alca