Con motivo de la reciente asunción de mando  del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, coincidieron en Montevideo los principales referentes sudamericanos del siglo XXI.  Aunque algunos son criticados en sus países por no cumplir con los programas prometidos (el caso más emblemático es el del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva), emergen en el plano internacional como verdaderos líderes de una región que en los años 90 sólo brindó gobiernos obedientes a las políticas de Washington. 

El flamante mandatario oriental se sumó a esta gran alianza de oposición en la que el presidente venezolano Hugo Chávez sobresale con un discurso cada vez más combativo; el mandatario argentino Nestor Kirchner muestra pulso firme para negociar la deuda externa; mientras que Lula pretende pisar fuerte en el Consejo de la ONU.  En tanto la chilena Michelle Bachelet (favorita para las elecciones presidenciales de diciembre) y Evo Morales (para las de Bolivia) aparecen como aliados potables en la conformación de este "monstruo que promete hacer ruido en el patio trasero de los Estados Unidos".  ¿Hasta dónde podrá (o lo dejarán) crecer?

Mientras la globalización capitalista intenta borrar las diferencias y sostener el ya anticuado discurso del fin de la historia, América del Sur responde con la misma medicina: "La globalización de la resistencia".

 

Desde Montevideo

Dice Hugo Chávez: "Hay una sola Latinoamérica y empieza en México.  Ella debe luchar para impedir el ALCA e instalar el proyecto del ALBA y el Mercosur.  Sin dudas, éste será el siglo de América Latina".

Dice Tabaré Vázquez el día de su asunción, mirando al Norte: "Lo expresamos con respeto, pero con la máxima firmeza: No toleraremos injerencias externas en nuestros asuntos internos.  Las decisiones y problemas de los uruguayos los resolvemos entre los uruguayos".

Dice Néstor Kirchner apuntando al titular del FMI, Rodrigo Rato: "No necesitamos sus consejos, los argentinos sufrimos bastante al Fondo", refiriéndose al Fondo Monetario Internacional (FMI).  Por su parte, Rafael Bielsa, canciller de Argentina, agregó en tono de broma: "El FMI dejó de ser un corral y ahora se le empiezan a escapar los animalitos".

Dice Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado norteamericano: "Chávez es un problema porque está usando influencias y los recursos petroleros de su país para introducir su conflictivo estilo de política en otros países.  Estamos preocupados por ciertas movidas que se vienen sucediendo en la región".

Nadie puede hacerse el distraído. Lo denuncian en el Norte, lo anuncian en el Sur: El mapa de América Latina está mutando y parece existir una sola dirección.  La voz cantante la tiene Chávez y es aprobada con entusiasmo por (¿su maestro?) Fidel Castro, Kirchner, Lula y ahora Tabaré Vázquez. Y como si esto se tratara de un equipo de fútbol, se incorporarían Michelle Bachelet (víctima de torturas durante la dictadura de Augusto Pinochet y favorita para convertirse en la primera presidenta de Chile), y Evo Morales (dirigente cocalero con un arraigo cada vez mayor en el pueblo boliviano).  

Ni siquiera el analista internacional "anti-castrista" Andrés Oppenheimer, ignoró este giro histórico en su artículo "La izquierda de la nueva ola".  Aunque de todos modos entregó una interpretación de dudoso carácter científico: "Las imágenes de banderas cubanas y venezolanas en las calles de la capital uruguaya fueron como un regreso a la edad de piedra en esta región.  El problema de América Latina no es político, sino psiquiátrico".

Resulta complicado establecer si los latinoamericanos están chiflados, pero hay algo seguro: Esta supuesta locura es contagiosa.

¿Para quiénes juegan los líderes?

Más allá de su indiscutido protagonismo internacional, varios de estos líderes son cuestionados en sus países por no cumplir con el histórico reclamo de los pueblos.  El ejemplo más notorio es Lula, acusado de traidor por los sectores más radicalizados del Partido de los Trabajadores (PT) que decidieron alejarse del gobierno brasileño.

El tema no está cerrado, la polémica continúa: ¿Mantuvo Lula las políticas liberales de sus predecesores?  ¿Es su estrategia fortalecer aún más la producción y el crecimiento económico para después ocuparse de las urgencias de los más necesitados?  ¿Está dispuesto a confrontar con los intereses internacionales, o se someterá mansamente a los designios del Norte?   

Si nos guiamos por la reacción que mostraron los uruguayos en ocasión de los festejos por la asunción de Tabaré, la respuesta es contundente: Lula ya no genera la misma simpatía que antes.  Ahora todo el fervor se vuelca hacia la figura de Chávez (el más querido, por lejos), Fidel Castro (inesperado ausente a la gran fiesta uruguaya), y Kirchner.

Sin embargo en Argentina, los sectores de izquierda están lejos de entregarle un cheque en blanco a Kirchner.  Se le reconocen algunas decisiones positivas en materia de Derechos Humanos o en temas vinculados con la Justicia.  Pero en contra de la mayoría de los gobiernos progresistas de la región, que aprobaron las últimas negociaciones con los bonistas privados, se responsabiliza al presidente de mantener la misma sumisión al FMI que gobiernos anteriores. "Se queja pero siempre termina pagando", aducen. 

Además se le recuerda su condición peronista y su alianza con Eduardo Duhalde, vicepresidente durante el primer mandato de Menem y, para muchos, jefe de una mafia política que maneja desde las sombras los negocios ilegales de la provincia de Buenos Aires.

Los intereses a los que responde Chávez son más fáciles de visualizar.  Tras haber sido víctima de un golpe de Estado promovido desde las oficinas de la Casa Blanca, el presidente venezolano reivindica más que nunca su discurso "anti-imperialista" y acusa constantemente a los Servicios estadounidenses de querer asesinarlo.  En Venezuela existe una polarización casi total, y parece bien simple: Los ricos aborrecen a Chávez y el resto de la población lo apoya incondicionalmente; hecho que quedó demostrado con los resultados del referéndum.   

En cambio con el nuevo gobierno uruguayo surgen varias incógnitas.  ¿Quién tendrá mayor influencia, el sector revolucionario liderado por el "tupamaro" Pepe Mujica, o el más conservador representado por el ministro de Economía Danilo Astori?

Lo que pasará con el proyecto del Frente Amplio nadie lo sabe.  De todas maneras, Uruguay ya envió dos señales al mundo.  En su primer día de gobierno, Tabaré decretó un plan de emergencia para combatir la pobreza y reestableció las relaciones diplomáticas con Cuba, interrumpidas durante la gestión del saliente presidente Jorge Batlle.   

Discursos y medidas concretas

Los discursos de los presidentes en el acto de Montevideo fueron importantes como manifestación simbólica de los objetivos que perseguirá la región.  Pero no sólo la retórica gobernó el encuentro, sino que se sellaron importantes acuerdos económicos y políticos.

El más sorpresivo fue el anuncio del gobierno venezolano de la compra de 500 millones de dólares en bonos de la deuda externa argentina.  Chávez también informó sobre un acuerdo para intercambiar petróleo venezolano por carne uruguaya.  Además, se planteó la posibilidad de que Argentina y Brasil vendan a Venezuela insumos petroleros para la explotación.

Argentina y Uruguay se comprometieron a trabajar conjuntamente en el esclarecimiento de los casos de ciudadanos uruguayos desaparecidos en el vecino país durante la última dictadura militar.  A su vez, aseguraron que va a intensificarse la investigación sobre el destino de la nuera del poeta argentino Juan Gelman, secuestrada en la Argentina en 1976 por un comando de los Servicios de Inteligencia y entregada a militares uruguayos.  Hasta hoy, María Claudia continúa desaparecida.     

Conclusiones del encuentro en Montevideo

El 1º de marzo de 2005, día de la asunción del mandatario uruguayo, parece haber sido el punto de partida para el postergado proyecto de una Latinoamérica unida.  Pero como se escuchó en boca de varios dirigentes uruguayos, "Que nadie espere cambios muy bruscos de la noche a la mañana".  Y ésto es válido tanto para Uruguay como para el resto del subcontinente.

En escenarios donde los índices de pobreza han llegado a cifras históricas y el tejido social ha sufrido un enorme deterioro, se hace difícil pensar en una rápida recuperación.       

De todos modos aquí no se están planteando revoluciones, los objetivos son menos ambiciosos.  En todo caso, la revolución consistirá en que todos los niños coman cuatro veces al día o los adultos recuperen el trabajo y con ello su pisoteada dignidad.  Una vez atendidas las necesidades más apremiantes, habrá tiempo de discutir otras cuestiones.

Pero también hay una certeza. Hace años que los problemas latinoamericanos son los mismos, hace tiempo que las naciones fueron obligadas a aislarse para de ese modo perder fuerza de negociación frente a la voracidad del capitalismo salvaje.  Y lo más trágico: las consecuencias nefastas también fueron las mismas para todos.

¿Por qué, entonces, no cambiar la estrategia?  ¿Por qué no denunciar los atropellos o promover los cambios actuando en bloque, sin ignorar con ello la idiosincrasia de cada nación?  ¿Por qué si Estados Unidos tiene un Departamento de Asuntos Latinoamericanos, los países de Latinoamérica no pueden formar un Departamento de Asuntos estadounidenses?

¿Por qué seguir enterándonos de nuestras realidades a través de CNN?  ¿No se puede crear una cadena informativa que refleje los problemas latinoamericanos con verdaderos ojos latinoamericanos?  (El proyecto de Telesur propuesto por Chávez u otro similar podría ser enriquecedor.)

Hay un largo camino por recorrer, pero para muchos se trata de un momento histórico.  Así lo sentía una joven uruguaya al reflejar su ilusión en una pancarta: "Tabaré, Fidel, Kirchner, Lula, Chávez, Lagos.  La oportunidad es única y América Latina reclama no desperdiciarla".

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Soplan Nuevos Vientos en el Patio Trasero
Hernán Granovsky