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Las mujeres representan más del 50% de la población mundial. Su rol en la sociedad actual es primordial ; sin embargo, las diferencias en comparación a los hombres en temas socio económicos, culturales y de salud son grandes, sobre todo en Latino América. Desde que en 1979 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, muchas medidas se han emprendido para llevar este tema de lo teórico a la práctica. A pesar de estos esfuerzos, la situación de la salud de la mujer en Centro y Sud América ha cambiado lentamente o muy poco. Ciertamente, las condiciones que experimentan las mujeres en esta parte del mundo son bastante lamentables. Temas como la disponibilidad y acceso de servicios, y la situación de la violencia contra la mujer hacen que el tema sea aún más preocupante. De hecho, Perú es uno de los ejemplos más saltantes. Analizando la situación de la salud de la mujer en este país, encontramos que casi el 40% de la población total femenina sufre de anemia y/o desnutrición. Sólo uno de cada dos partos son atendidos por personal médico entrenado, y únicamente un tercio de todos los partos en la Nación son atendidos por médicos. Más aún, casi 50% de todos los partos en Perú se llevan a cabo en el hogar. Estos números varían significativamente si consideramos el estrato socio-económico de la mujer. En la clase media-alta y alta, del 91 al 96% de los partos son atendidos por personal médico entrenado, y sólo 5-15% de los partos se llevan a cabo en el hogar; mientras que en los estratos socio-económicos más bajos, sólo el 14% de los partos son atendidos por personal médico, y 89% de los partos se llevan a cabo en el hogar. La violencia contra la mujer en Latino América es otro tema verdaderamente preocupante. Aunque es ya conocida la deplorable historia de violencia de género que prevalece en la región, así como en muchas otras partes del planeta, los números siguen siendo alarmantes. Tanto es así que en 1996 la Organización Mundial de la Salud reconoció la violencia de género como una prioridad de salud pública. Volviendo al caso de Perú, un reciente estudio llevado a cabo en las ciudades de Lima y Cusco mostró que 48% de las mujeres de Lima y 68% de las mujeres de Cusco reportó haber sufrido de violencia física por parte de su pareja; mientras que el 23% de las mujeres en Lima y el 47% de las mujeres en Cusco reportó haber sido víctima de violencia sexual. El hecho que más de la mitad de las mujeres de Lima y 2 de cada 3 mujeres en Cusco reporte haber sido víctima de abuso físico o sexual no es sólo alarmante, sino indignante. Peor aún, es sabido que la violencia contra la mujer es especialmente prevalente durante el embarazo, y asombrosamente existen reportes que indican que durante la gestación, el agresor es en la mayoría de los casos el propio padre del bebe. El caso de violencia contra la mujer no es sólo un tema que afecta a la pareja. Este mismo informe mostró que los hijos estuvieron presentes en casi 2 de cada 3 incidentes de violencia física contra la mujer por parte de su pareja. Mujer contra mujer Aún más sorprendente es el hallar que la mayoría de las mujeres entrevistadas en Lima y Cusco consideró que los problemas de violencia familiar deben ser manejados "en privado", y aunque muchas de estas mujeres reportaron que necesitaban atención médica, la gran mayoría de ellas nunca recibió asistencia de ningún tipo. Por otro lado, en el departamento del Cusco, 3 de cada 4 mujeres consideró que la mujer debe obedecer a su esposo aunque no esté de acuerdo con él. Más aún, un importante número de mujeres consideró la violencia física como justificable. En el tema de abuso sexual fue sorprendente encontrar que el 10% de las mujeres de Lima y más del 50% de las mujeres del Cusco consideran que una mujer no puede negarse a tener relaciones sexuales con su pareja, aún si ella no lo desea. Esto es extremadamente importante en un país en el que sólo 40% de las mujeres usa algún método moderno de anticoncepción, y sólo 2 de cada 3 mujeres tiene algún conocimiento sobre el virus del HIV/SIDA y su modo de transmisión. Desafortunadamente, la situación de la salud de la mujer en Perú no es una excepción a la regla, sino que más bien refleja el estado general de los países de Latinoamérica con respecto a este tema. Aunque resulta tedioso para el público general el revisar y conocer las estadísticas que reflejan la situación de salud actual de la población, los números aquí presentados demuestran la vital importancia de actuar en pos a una solución inmediata. Es evidente que la solución al problema de la salud de la mujer en Latinoamérica (que implica la violencia de género) va más allá del castigo al agresor o del ejercicio de las leyes, y es que sería ingenuo pretender encontrar una solución llevada a cabo desde alguna oficina burocrática. Este es un problema social, educacional, de información y, sobretodo, cultural. A pesar de las iniciativas emprendidas por los diferentes gobiernos (como la creación del Ministerio de la Mujer en Perú), poco se logrará si no se trabaja en un cambio de actitud y percepción de la mujer como un ser humano que tiene los mismos derechos que el hombre, como un ente capaz de aportar a la sociedad y merecedora de respeto. Sorprendentemente, este cambio no sólo implica un cambio en la visión que el hombre tiene de la mujer, sino que principalmente debe emprenderse desde la mentalidad de la propia mujer (como lo indican los datos mencionados anteriormente), de la percepción que ésta tiene de sí misma, y sobre la importancia de su función en el desarrollo económico y social de los países de Latinoamérica. Probablemente ésta sea la tarea más difícil de cumplir. Ciertamente, representa uno de los mayores retos que debe afrontar la sociedad latinoamericana actual. Sin embargo, sin este cambio de mentalidad con respecto al trato que merece la mujer, el desarrollo de los países de América Latina estará aún más lejos de ser alcanzado.
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