La Republica Oriental del Uruguay, más conocida por su nombre abreviado de Uruguay, es reconocido como uno de los países más pequeños de Latinoamérica :   Esto es un hecho.   Décadas atrás se le llamaba "el país modelo" o la "Suiza de América" : Eso era un mito.   Pero difícilmente alguien sabe que es también un país con una inexistente cinematografía nacional.   Paradójicamente, Montevideo cuenta con la más importante Cinemateca en América, La Cinemateca Uruguaya , apenas superada en cantidad por los fondos cinematográficos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.  

La cultura cinematográfica de los uruguayos es prolífica en anécdotas.   Cuando el peronismo argentino prohibió películas como "El Gran Dictador" de Charles Chaplin, los bonaerenses cruzaban el Río de La Plata, en cruceros fletados exclusivamente, para ir a Montevideo a verla.   Tal vez parece broma, pero hasta hace muy poco, exactamente en 1994, "El dirigible", una rarísima película de Pablo Dotta, debutó en el Festival de Cannes como "la primera película en la historia del cine uruguayo", y en Buenos Aires como "la primera película sonora uruguaya"; mientras que el dossier de prensa la presentó como "la primera producción nacional sonora en 35 mm".   Todos estos calificativos no eran más que una ingeniosa estrategia publicitaria, pero mucha gente lo dio por cierto ya que nunca habían visto u oído de una película hecha en el Uruguay.

Hablando en términos relativos, Uruguay ha producido cerca de una docena de películas en los ultimos diez años, todas ellas de reconocida calidad y que han recorrido triunfalmente festivales de cine por todo el mundo.   Para citar algunos ejemplos recientes, tenemos a "En la Puta Vida" (2003) de Beatriz Silva, "La Espera" (2003) de Aldo Garay, y "25 Watts" (2001) de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.   Es tal vez por ésto que cuando aparece una película uruguaya es tiempo de celebrar.

La que es, y será por algún tiempo, la más reciente película uruguaya es "Whisky", realizada por los ya antes mencionados Rebella y Stoll, logrando así una verdadera hazaña : Realizar dos películas uruguayas.   En sus notas de producción mencionan, "Es extremadamente difícil producir una película en Uruguay.   Por supuesto, esta declaración se aplica prácticamente a cualquier país latinoamericano   y continúa siendo verdadera.   Pero en Uruguay es difícil producir cualquier cosa: manufacturados, por ejemplo, como se muestra en Whisky".

Podría esta afirmación ser una especie de justificación de la "testarudez" de Rebella y Stoll de hacer cine para demostrar que es difícil hacer cine, pero se hace, quizá, para ahuyentar el pesismismo que se les asigna a los uruguayos. Para los ojos del espectador, uno podría concluir que "Whisky" explota esa vena difícil de la idiosincracia de los uruguayos caracterizados en su propio imaginario como pesimistas, conservadores, tristes por naturaleza, o melancólicos.   Muchos uruguayos se reconocen a sí mismos como "bajoneados", viviendo en un "país gris".

Cuando uno piensa en descripciones de los uruguayos, que son básicamente arquetípicas, es allí cuando se puede entender mejor la incómoda cotidianeidad que vemos en los personajes de la película y la idea que los directores quieren mostrarnos.  

La de "Whisky" es una historia sencilla y un poco absurda sobre tres personas tratando de revelarse a sí mismos a través de los otros.  

Jacobo Köller es el dueño de una moribunda fábrica de medias que sobrevive con tres empleadas. Marta es una de ellas, es su mano derecha pero sólo en la fábrica.   Jacobo y Marta mantienen una relación glacial, si a aquéllo se le puede llamar relación.   Tal vez ambos desearían que no fuera así, especialmente Marta, pero el ritual del trabajo conjunto los sumerge en una rutina curiosa y morbosa, sin sobresaltos.   Por ello, Marta parece haber perdido toda esperanza, asumiendo que ella seguirá siendo "la empleada" por siempre, hoy, manaña y pasado manaña, así, hasta que Dios quiera.   Esto, parafraseando las últimas palabras que ellos cruzan, todos y cada uno de los días antes despedirse. Jacobo dice, "Hasta manaña",   y Marta responde: "... Si Dios quiere" , y se va a casa, escuchando baladas de Leornado Favio.

Ese plácido equilibrio en la rutina laboral de Jacobo y Marta se ve en peligro cuando Herman, el hermano menor de él, que vive en Brasil y a quien no ha visto en muchísimo tiempo, decide visitarlo para rendir honores a su madre muerta tiempo atrás.   Es aquí cuando el verdadero film comienza.   Jacobo, tratando de aparentar una vida normal ante Herman, propone a Marta posar como su esposa.   Una vez hecho un convenio, Marta se muda a la casa de Jacobo y desde ese momento, él tiene que asumir otro tipo de cotidianeidad, que será la misma, sólo que con dos invitados viviendo en su casa.  

En un principio, Herman parece ser distinto a Jacobo, pero después notamos que es más su complemento y así olvidamos que podrían ser ellos unos dignos sucesores de Caín y Abel, sin mencionar cual es cual.   Marta, impresionada con su frialdad, llega a convertirse en el fiel de la balanza entre los dos hermanos. Ella estará dispuesta a hacer que estos días de teatralidad junto a Köller sean los más felices de su vida, porque de pronto, quizá no tenga una segunda oportunidad.  

El viaje de los personajes a un paraíso terrenal, llamado Piriapolis, es el ambiente preciso para ver de qué son capaces cada uno de ellos.   Allí, entre piscinas, casinos, caminatas en la playa y noches de juerga, encontrarán al menos sonrisas, malos chistes, y uno que otro momento que recordar.   Así un viaje que parecía estar destinado al fracaso se vuelve una celebración de la amistad, de la dignidad, y del respeto.

En un cine actual plagado de diálogos, de voces altas o de monólogos burdamente teatralizados, "Whisky" aparece brillando plácidamente como una joya llena de silencios, de invitaciones a la palabra más que a palabras mismas, de diálogos prometidos que no se convierten en realidad.   Como espectadores, siempre deseamos encontrarnos con esos raros films hechos y manejados con imágenes, valiosas imágenes, o banales imágenes, que nos sugieran ideas, que nos prometan "ese algo", que nos muestra lo que no se puede ver o decir, y esa es precisamente la esencia del arte cinematográfico como arte visual.  

"Whisky", con su extraordinaria lucidez, nos reconcilia con este cine de las imágenes inéditas.   Cuando Rebella y Stoll deciden rodar un film sin mover la cámara, pase lo que pase, están en busqueda de esas imágenes inefables, pero también están pactando con el demonio, y al final le ganan.   Finalmente, cuando nos asombramos con películas perfectas como "Whisky", podemos preguntarnos por qué resulta tan difícil hacerlas.   Recuerdo entonces a un profesor de cine que decía a sus alumnos, entornando la voz como quien da las pistas para encontrar el Santo Grial de los cineastas, "Rodar excelentes películas no es rodar películas, es rodar excelentes películas".

Más Información:

http://www.whisky.com.uy/

Vea el trailer (banda annonce) en MK2 France

 

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Tres para un Tango (O la celebración de "Hasta mañana... si Dios quiere")
Ramiro Camelo