Hoy es casi absolutamente aceptado que el cine argentino es uno de los más vibrantes y creativos de América Latina. Cada año, un manojo de películas argentinas recorre festivales por todo el mundo, ganando premios y dando mucho que hablar entre la crítica. Recientemente, títulos como "El hijo de la Novia", de Juan José Campanella; "Nueve reinas", de Fabian Bielinski; o "Valentin", de Alejandro Agresti, han resultado ser rotundos éxitos de taquilla y crítica. Con ello se demuestra además que a pesar de la terrible crisis que golpea la economía argentina, la producción cinematografica se mantiene muy saludable. Por este llamado resurgimiento del cine argentino, fue que los organizadores del 48th London Film Festival justificaron un foro para discutir la llegada de esta "nueva ola" -otra más, y que seguramente no será la última-, y además incluyeron una fuerte representación con cuatro películas y un documental. Curiosamente, algunos directores de cine argentino no creen que haya tal resurgimiento : La opinión es que siempre se ha producido cine de calidad en la Argentina. Por ejemplo, Daniel Burman, director de "El abrazo partido", que fue presentada en el festival, comentó rotundamente: "Decir que hay una nueva ola del cine argentino no tiene sentido, es como decir que hay una nueva generación de relojeros suizos". Una de las películas argentinas más esperadas del festival era "La Niña Santa" , de Lucrecia Martel, quien ya había sorprendido con su ópera prima "La ciénaga". "La niña santa" debutó mundialmente en el pasado festival de Cannes, donde parece que reafirmó a Martel como una promesa cumplida del cine latinoamericano. Otro aspecto que llamó la atención sobre este filme es que está producido por la dupla Agustín y Pedro Almodóvar, lo que la convierte en un hit, aún antes de ser vista. No es extraño pensar que lo que atrajo a Almodóvar a producir "La niña santa" fue su curiosa similaridad temática con "La mala educación". Es un hecho que la mayoría de la crítica especializada no ahorro elogios para Lucrecia Martel. Ciertamente, su película está bien presentada en términos de lo que una película del "cine arte" tiene que ser. Diciéndolo de manera bastante cruda, estas películas se basan sobre un tema interesante o mundano, pero contado de una manera inusual ; personajes que son o confusos, o psicóticos, o ambivalentes, o que poseen estos tres rasgos, uno cada día, en cada uno de ellos ; un lenguaje visual no convencional, acaso postmoderno, raros encuadres o composiciones, una premisa básica, pero untada de interrogantes filosófico-freudianos-surrealistas, y un conflicto aristotélico que no se concluye o concluye prematuramente. Todos estos elementos en una coctelera, bien mezclados, casi siempre producen una excelente cinta de más de dos horas que sorprende en algún festival. Es indudable que Martel conoce los artificios de este tipo de cine; un cine que suele ser invitado a festivales y sabe como explotar dichos artificios eficientemente : esa es su principal virtud. Pero conocer estas estrategias no hace necesariamente que un excelente director haga una buena película... no siempre. De cierta forma, la película de Martel está fundada en profundas, sesudas interpretaciones sobre la moralidad, la religión y el misticismo, la intimidad familiar -que puede llegar al incesto-, y la sexualidad o la ausencia de ésta. Como vemos, todos estos complejos temas, puestos allí, al mismo tiempo, resulta algo ya bastante ambicioso. Martel reconoce que quiere analizar algunos de estos tópicos con su punto de vista y su conocimiento para cuestionarlos. Quien escribe más bien se pregunta si de verdad lo hace, o meramente los reproduce con algún artilugio narrativo, y al mismo tiempo, pretendiendo hacernos pensar que sus planteamientos son originales y reveladores. Basta decir que la intención no es suficiente, aunque los logros lo son. Observando ya los elementos formales en la película, sería injusto no mencionar los aciertos visuales de Martel. Más allá de las escenas con profundos close-ups , que suponen una mirada a la intimidad de los personajes casi para verlos en su absoluta realidad y acentuar esta atmósfera opresiva del hotel. Esto sí es un efecto logrado. Por otro lado, interesan más las escenas de la piscina, ellas reflejan un tipo de impostura visual. En un momento, su exquisita composición, la disposición de los personajes, y los brillantes efectos lumínicos en el decorado -deliberados o no-, les otorgan a estas escenas un brillante estatismo, semejando acaso rasgos del lenguaje pictórico del siglo XV italiano, especialmente los de Piero de la Francesca o de Andrea Mantenga. Vale decir que este tipo de virtudes visuales no se ven todos los días. Finalmente, uno podría concluir que la recurrente y abigarrada complejidad que se ve en "La niña santa" es su punto débil. La preconcepciones que Martel pretende revisar son bastante sugestivas, pero sus preguntas se vuelven demasiado precisas y calculadas. Es allí cuando el film se torna pesado y monótono. Si su desenlace es previsible es porque parece que hemos asistido a un cerebral juego de ajedrez; entonces el momento decisivo no puede evadirse, es inevitable, la misión de Amalia es darle el jaque al doctor Jano, y así se hace. Un poco de azar en "La niña santa" habría sido una más excitante carrera en el hipódromo. "La Niña Santa" está en cines de Londres: Artificial Eye (vea información de cines) Vea el trailer en La Nación online.com.ar
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