| Una opiniÛn estadounidense sobre el turismo de la isla No
estuve en la revolución o fuí capturada en las montañas! He vuelto de Cuba con una mezcla de emociones. Lo he querido pasar muy bien, he querido vivir toda clase de experiencias y he querido ver la tierra que la mayorÌa de nosotros sÛlo conocemos gracias a la versiÛn propagandÌstica de "La BahÌa de los Cochinos". Pero tambiÈn pasÈ de querer disfrutar la compaÒÌa de las gentes con la que compartÌ mi viaje a no querer volver a verlos nunca m·s. Mi viaje se mezclÛ con las sensaciones y la compaÒÌa de la gente con la que a veces mantenÌa discusiones nocturnas, a veces un poco conflictivas. Hablabamos sobre la belleza y la tristeza de las gentes que parecen desconfiar de todo debido a su situaciÛn en una sociedad que los tiene en las tinieblas de la confusiÛn. AprendrÌ muchas cosas y sensaciones las cuales espero ser capaz de poder transmitir y compartir con los dem·s. Sin embargo, no estoy segura de poder describir con precisiÛn todas las experiencias y matices que hicieron de cada dÌa un dÌa ™nico y a la vez el mismo que el dÌa anterior. De hecho ahora me alegro de estar de vuelta en mi paÌs. A veces tenÌa la sensaciÛn de haber pasado toda una vida en Cuba y otras de no haber permanecido lo suficiente allÌ. Cuba es realmente sorprendente. Es una tierra contradictoria, bella y tranquila con montaÒas majestuosas y playas a lo largo de un paisaje que se convirtiÛ en mi hogar durante unas pocas semanas; la pobreza convive con la riqueza y la propaganda sobre la revoluciÛn est· en todas partes. La gente es c·lida y cordial, aunque hay una tristeza generalizada o una cierta envÌdia que yo tambiÈn tendrÌa de estar en el lugar de estas personas. La mayorÌa son muy abiertos con respecto a sus sentimientos acerca de Fidel Castro y los Estados Unidos. Los cubanos est·n abiertos a hablar de cualquier cosa. Y por supuesto todos los hombres que conocÌ buscaban novia, quiz·s una novia como yo... aunque parecieron cambiar de opiniÛn cuando supieron que era estadounidense. Toda la informaciÛn -seg™n los censos- confirma que la mayorÌa de la poblaciÛn la componen cubanos blancos, aunque a mÌ me pareciÛ que lo que m·s abundaban eran cubanos de color. Parece que hay poca divisiÛn racial. No hay una separaciÛn real en nada aquÌ, supongo que esto se debe en parte a la ideologÌa polÌtica. Como estadounidense de color que soy, estaba dispuesta a experimentar racismo, mas lo que sentÌ fue amor. Se me clasificÛ de cubana, lo cual tenÌa sus ventajas y desventajas. Aparentemente a los cubanos no se les permite entrar en hoteles o restaurants, por lo menos en La Habana, o m·s bien no se les permite entrar a menos que estÈn acompaÒados de un extranjero - generalmente esto se debe a asuntos de negocios (legales o no tan legales). A menudo me paraban en las puertas de los locales a menos que me oyeran hablar. Ser una pseudo-cubana resultÛ provechoso ya que estÛ me ayudÛ a poder perderme entre la multitud. Era m·s difÌcil que se me acercaran en la calle para alg™n asunto indeseable. Cuando estaba en los pueblos de las afueras a menudo se me aproximaban con amabilidad, lo que me hacÌa recordar cuando iba a casa de mi abuela y me sentaba allÌ, rodeada de mi famila, riendo y hablando sobre los viejos tiempos y creando nuevas memorias. Durante mi viaje fuÌ a la casa del escritor Ernest Hemingway, vi el nacimiento del movimiento afro-cubano en Hamel's Alley, vi la Capital Nacional -que parace la de DC? TambiÈn visitÈ otros lugares...y todo esto sÛlo en La Habana. Ciudades como ViÒales, Pinar del RÌo, Bayamo, Trinidad, Santiago y Camaguay, cada uno de ellas con su propio encanto y familiaridad, me aseguraron que mi experiencia en Cuba no fue sÛlamente ™nica sino definitivamente muy valiosa para mi y para todos aquellos que como yo han vivido una aventura de este tipo. |
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| El Encanto de La Habana
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