| "Los narcocorridos son crónicas de las aventuras, traiciones, infortunios, ejecuciones, amores y demás hechos de individuos involucrados en "el negocio"." Avelino Gómez Guzmán Los corridos son una forma musical tradicional mexicana que ha gozado de gran popularidad en el norte del país por más de un siglo. Durante la Revolucíon Mexicana (1910-1917), se crearon cientos de corridos en honor a figuras como Pancho Villa y Emiliano Zapata. En lo últimos 30 años, sin embargo, son los corridos dedicados a los capos del narcotráfico mexicano los que se han impuesto en el gusto popular. Estos son popularmente conocidos como: "Narcocorridos". En las representaciones sociales que detentan los Narcocorridos, se representa lo cotidiano de una parte del México de hoy. Con tales representaciones se dan a conocer el anclaje de los nuevos elementos de interpretación de la realidad, los cuales son característicos de los distintos grupos sociales que conforman las nuevas formas de entender el mundo, a través de las representaciones sociales. Así, la representación de lo cotidiano en los narcocorridos, se presenta inmersa de aquellos elementos característicos a esta manifestación musical-poética, como lo es el tráfico de drogas en todas sus formas. Por lo que la cotidianeidad será transformada una vez que se instalan esos nuevos elementos y categorizaciones específicas de sus temáticas centrales. Además, se observa que desde la representatividad de los narcocorridos, tal ejercicio de ilegalidad ha transformado los escenarios de lo cotidiano en diversos aspectos. Con ésto, ha lanzado los nuevos códigos para la interpretación de la realidad del grupo endógeno a la manifestación narco corridística, haciendo con esto un patrón de reglas para la elucidación del mundo que circunda a tal sector. De esta forma, los narcocorridos representan la cotidianeidad mexicana impregnada de la problemática que surge del narcotráfico desde diversos ámbitos. El resultado es que las representaciones del diario acontecer mexicano se transforman de diversas maneras. Así, la dulce y reconfortante representación de la madre caminando con su hijo en la carreola, puede ser interpretada como una forma más de burrería; es decir, un mecanismo más para poder burlar a las autoridades y evitar los problemas que surgen una vez que alguien es descubierto tratando de introducir droga, en este caso, hacia los Estados Unidos:
Cabe señalar que aquí también se modifica la que hasta hace algunos años fuera la representación de la mujer en la sociedad mexicana: sumisa, madre de familia, dependiente del marido, entre otras características. Se le asigna entonces un papel de alguien en quien se puede confiar para las redes del narcotráfico, por su valentía para afrontar las características necesarias para sobrevivir dentro del mundo del tráfico de drogas.
En este ejemplo también se deja ver otra transformación de la cotidianeidad de un pueblo tan religioso como el mexicano, ahora en la figura de las esposas de Dios: las monjas. Es interesante observar como son transformados elementos ideosincráticos de la cultura mexicana, en virtud de una función específica dentro del mundo del narcotráfico, como lo es el traslado de las cargas de droga de un lugar a otro dentro del propio país o para cruzar la frontera norte. De la misma forma, una tranquila plaza de un pueblo cualquiera, se convierte en el centro de distribución del narco-menudeo, vía una de las tradiciones más ampliamente aceptadas en el norte de México, como consecuencia del calor: las paletas de hielo.
Es necesario hacer la aclaración que tiene que ver con paletas de hielo, fundamentalmente por el calor como lo dijimos antes, pero también como consecuencia de la región geográfica del país en la que se ubica: el norte. Entre otras cosas, este territorio es de fuerte incidencia en la problemática del narcotráfico, al grado de representar dentro de dicha cotidianeidad relaciones de intercambio ya no tanto de la hierba o de la cocaína, sino de formas y mecanismos para la fabricación-producción de tales paletas con pueblos colombianos. Como es sabido, Colombia es un país también reconocido por su entuerto para con el tráfico de estupefacientes:
Con tal ejemplo, la representación que se hace de la cotidianeidad implica que ya en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier forma y hasta en los lugares menos pensados, se puede conseguir droga de cualquiera de los tipos que hasta el momento se conozcan. Así pues, cuando se dice que las paletas son de coco, se refiere a cocaína; las verdes, a la marihuana; y las rojas, a la amapola.
La familia es otra de las estructuras ideosincráticas que sostienen de alguna u otra forma a la cotidianidad mexicana. Ésta ha sido también transformada en las representaciones producidas en los narcocorridos, sin ofender a nadie, como lo demuestra uno de los más grandes éxitos de los padres del género, Los Tigres del Norte, y su canción denominada La Camioneta Gris.
La popularidad de dicho narcocorrido alcanzó tales niveles que se llegó a realizar hasta una película del tema. Curiosamente, la producción tuvo gran éxito en los mismos territorios donde los narcocorridos tienen una fuerte aceptación, y donde el narcotráfico ha sembrado sus reales de muchos años a la fecha. Estamos hablando de la frontera norte de México y sur de los Estados Unidos.
Así, la familia, o en este caso la esposa de la persona directamente involucrada en el negocio del tráfico de drogas, en lugar de pasar a ser un elemento de disuasión para el abandono de dicho negocio ilícito, es comparsa de aquel, al grado de jugársela con el hombre al que ama hasta alcanzar la propia muerte:
Es importante señalar aunque las representaciones de la cotidianidad se modifican en las representaciones que se producen en los narcocorridos, las estructuras o formas culturales del sector endógeno a estos no se modifican y por lo tanto se observa, que hay temas en donde la mujer es dimensionada de una forma menos convencional que la manera general. Existen también otros en los que los estereotipos se siguen manejando y a la vez se mantienen, ubicando a la mujer como objeto de placer y satisfacción sexual y de poder, como se indicaba en una de las funciones que cumple esta derivación del corrido mexicano. De la misma forma, la estructura cultural de la familia sigue imperando dentro del sector endógeno a los narcocorridos. Como ejemplo, se puede observar los ajustes de cuentas, que cada vez más se dirigen ya no sólo a la cabeza de la familia, sino que, lamentablemente, también el resto de los miembros de la misma sufren las consecuencias. De ninguna manera se han visto reducidas las visitas a las plazas, parques o centros de reunión, una vez que el sol está pardeando, en las ciudades del norte, ni de cualquier otra latitud de México. Mucho menos se ha dejado de consumir las tan reconfortantes paletas de hielo, para los calores norteños. De este modo es pues que las representaciones de la cotidianeidad pasan a funcionar como códigos de interpretación de la realidad, que son respetados y asumidos por los sectores adeptos a los narcocorridos. Esto resulta en que la comunicación se desarrolle de forma natural y en sus sanos cauces, evitando entre los miembros del grupo los ruidos culturales; deviniendo por lo tanto en un elemento de identificación más, fuerte y concreto, para el clan respecto a sus imaginarios colectivos y la producción de sus teorías de sentido común respecto a la problemática del narcotráfico.
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